Abrí los ojos lentamente, me sentía mareada y confundida... Lo último que recordaba era el estar tendida en una camilla pronta a entrar a la operación... ¡La operación! Quise levantar una mano para verificar con mis propios dedos si mi seno aún seguía allí, pero una mano fuerte y varonil me lo impidió.
—El cirujano me pidió que no te tocaras... Por el momento —dijo la voz de mi esposo. La visión se me empezó a aclarar y el rostro de Kentin se materializó, había una sonrisa en él—. Bienvenida d