Capítulo 88 — Eres mía.
Cuando el preludio finalmente terminó, lo que siguió fue una sinfonía de hambre, sudor y dominación absoluta.
Ivan, con la elegancia depredadora de un tigre hambriento, había desnudado a Sasha hasta la cintura, y su boca viajaba por su torso con una devoción casi fascinante.
Sasha, por su parte, se retorcía debajo de él, sus manos aferrándose a su cabello rubio y sus gemidos eran un canto obsceno que se fundía con los demás sonidos del club.
Mierda, qué vista tan espectacular.
Kilian y