El trayecto de vuelta a la mansión se sintió como un sueño.
No recordaba el paisaje, ni las palabras de advertencia de los guardias. Solo sentía el latido de mi corazón acelerado y la imagen de la sonrisa sádica de Marek, la cual se había grabado a fuego en mi mente.
Esa sonrisa era lo último que Elena había visto.
Ese maldito la mató.
Y quizás estuvo a punto de hacer lo mismo conmigo.
Dios, qué estúpida soy... ¡Estúpida!
Al llegar, subí directamente a la habitación, mis pasos eran