Capítulo 53 — Es solo un animalito indefenso, no un león.
La luz de la mañana se filtraba por las ventanas de mi apartamento, iluminando el desorden intenso de la noche anterior.
Había dejado a Kilian dormido y regresado muy temprano a la clínica.
El gatito, al que había bautizado mentalmente como Fantasma por su pelaje blanco y negro, seguía débil, pero mucho más estable.
Sus ojos, antes nublados por el dolor, ahora me observaban con una chispa de curiosidad. Expliqué el caso a mi jefe y delegué su cuidado a un colega de confianza, ya que proba