—Dime un lugar —murmuró él contra la parte posterior de mi cabeza, rompiendo el silencio—. Un lugar que ames. Al que hayas viajado y no hayas podido olvidar.
Oh.
La pregunta me tomó por sorpresa. No era el tipo de conversación que solíamos tener después de follarnos hasta el olvido.
El sudor se enfriaba lentamente en nuestra piel, pegándonos a las sábanas de la cama del cuarto perverso.
Kilian tenía mi espalda pegada a su pecho y su brazo reposaba sobre mi cintura. Su respiración, ya má