Por la tarde, me encontré con Daniel en un banco del parque, lejos de las miradas y los oídos curiosos.
No había vuelto a saber de Kilian en todo el día y me lo había pasado tratando de descansar de los acontecimientos de la noche pasada, pero Daniel había insistido en vernos hoy, así que no pude negarme.
El atardecer se filtraba a través de las hojas de los robles, creando un cuadro sumamente precioso a nuestro alrededor.
Daniel lucía mucho más tranquilo que días anteriores, sin tanta tensión,