Capítulo 13 — Las monjas no suelen llevar ropa interior de encaje.
—Cuéntame, Nadia —habló después de un rato, su mirada fija en mí—, ¿por qué Nueva York? ¿Por qué huir de todo esto? —Hizo un gesto vago que abarcaba no la mansión, sino todo el pueblo.
Uff...
La cena se había mantenido llena de una tensión a punto de explotar.
La comida estaba exquisita, Kilian hablaba con una fluidez que danzaba en el filo de lo personal y lo peligroso, desafiándome a cada instante.
De alguna manera, habíamos llegado intactos al postre; un chocolate oscuro y de sabor intenso q