Llegamos al aeropuerto, donde todo comenzó, mis piernas se sienten débil y un gran nudo me impide respirar. Angus me ve a los ojos un momento agarrando mi mano y deja un beso en mis nudillos y me dice que me espera en el coche.
Bajo lo más rápido que puedo y me adentro entre miles de personas, llegó a las cabinas y todos me miran de pies a cabeza, por primera vez no me importa mi aspecto, pido permiso a una señora mayor.
—¿El vuelo a Italia, ya despegó?
—¿Tiene boleto? — pregunta con fastidio