Kioto y la Promesa
El Aman Kyoto tenía esa cualidad rara de los lugares que no necesitan impresionar a nadie. La madera oscura, los shoji, el jardín de musgo visto desde la ventana: todo parecía estar exactamente donde debía estar, sin esfuerzo visible. Freddy lo había agradecido desde el primer día con la sobriedad de quien reconoce una belleza excepcional y decide no convertirla en conversación. Lilly, en cambio, la había ido archivando en su cuaderno pequeño: un alero, una proporción, el ángulo preciso de la lu