Stefan condujo sin rumbo fijo durante los primeros veinte minutos, con el sabor de Luciana todavía quemando en sus labios como una marca permanente que nunca podría borrar. Manhattan desfilaba por las ventanillas: rascacielos brillando bajo el sol de noviembre, gente caminando con propósitos que él ya no tenía, la vida continuando indiferente mientras la suya colapsaba.
Su teléfono vibró en el soporte. Marcus Fox.
—¿Qué? —contestó Stefan, sin energía para cortesías.
—El consejo de Sterling ratif