Lucía
El aire dentro de la limusina es pesado, sofocante.
A pesar del espacio lujoso, me siento atrapada, como si las paredes fueran a cerrarse sobre mí en cualquier momento.
Mis dedos están aferrados a la mano de Nico, que no deja de mirar por la ventana con una emoción inocente que me duele en lo más profundo del pecho.
Yo no puedo ver nada más allá de mi propio miedo.
¿Qué demonios va a pasar ahora?
Mi mente no deja de formularse preguntas sin respuesta. ¿Dante nos estará buscando? ¿O quizás