Dante
La brisa del puerto arrastra consigo el olor a sal ya óxido, mezclándose con el hedor metálico de la sangre que aún impregna el suelo. El aire es denso, pesado, cargado de una tensión que casi se puede palpar. Mis hombres han limpiado la zona, pero la sombra de lo ocurrido sigue presente.
Diez muertos.
Tres heridos.
Y mis armas en manos de los rusos.
Mi mandíbula se tensa al recordar las palabras del prisionero.
"Danos a la mujer y tus problemas con la Bratva acabarán."
Lucía.
Otra vez.
Aj