La tarde caía perezosa sobre el pueblo mientras Cassandra ordenaba el ático. Había decidido que era momento de deshacerse de algunas cosas, como si limpiar el polvo de los objetos olvidados pudiera también despejar su mente. Sophia la acompañaba, curioseando entre cajas viejas con ese entusiasmo infantil que convierte cualquier tarea en una aventura.
—¡Mira, mamá! —exclamó la niña, sacando un libro de tapas gastadas de una caja de cartón—. ¿Qué es esto?
Cassandra se acercó y sintió que el aire