Mundo ficciónIniciar sesiónLa despedida para Amir fue insoportable, no dejaba de llorar y patalear, de decir a grito vivo que era injusto y que no quería marcharse de allí.
Llegué al aeropuerto de Granada hacía más de media hora, pues la dirección que Ali me había dado pertenecía a un barrio de la ciudad, un barrio que no estaba lejos del centro histórico de la ciudad







