Arnau miró al anciano con furia indescriptible y le dijo: —Te dije que Jon no me traicionaría, porque al igual que Edurne, él es mi discípulo.
—¿Qué? ¡Tú que eres! —El anciano estaba completamente sorprendido, mientras Arnau mostraba una expresión cruel y agregaba: —Mataste a Edurne, hoy pagarás por tus acciones.
—Pero nosotros venimos por el acuerdo con el señor Delfín y el señor Humberto, según el cual ustedes no pueden hacernos daño alguno.
—¡Ja, ja, ja! —Arnau soltó una risa burlona, —No les