En ese preciso momento, Simón miró hacia el anciano y Arnau dijo: —¡Muévanse rápido, déjenme a mí encargarme de él!
El anciano y Arnau se hicieron a un lado, y el anciano le preguntó: —¿Podrás hacerlo tú solo?
—Tranquilo, déjamelo a mí.
Jon, furioso, gritó: —¡Si dejas escapar a esos dos sujetos, primero te mataré a ti!
Jon levantó su bastón, y un rayo púrpura cayó hacia Simón. Simón, sin dudarlo ni por una sola vez, levantó ambas manos para bloquear el ataque. Los guantes de luz de Simón brilla