Esa energía opresiva suprimió la energía espiritual y rápidamente creó una sensación de asfixia total en Simón y Zolan, quienes comenzaron a sentir una presión abrumadora. La atmósfera se tornó tan densa que ambos casi se arrodillaron debido al peso de esa fuerza.
En ese instante, Zolan experimentó una fuerte sacudida en el ojo, visiblemente horrorizado, y exclamó asustado:
—¡Ivanna! ¡Esa maldita mujer, ella… ella ha sacrificado su alma al Dios Oscuro!
—¡Eso no puede ser! —dijo Zolan, con los di