El helicóptero privado aterrizó sobre el helipuerto de la majestuosa Villa Ferretti, una fortaleza de piedra y mármol erigida sobre los acantilados de la costa siciliana. Abajo, el mar Tirreno rugía estrellándose contra las rocas. El lujo del lugar era sofocante, pero para Carolina, aquel palacio con jardines infinitos y seguridad militar no era más que una jaula de oro en el fin del mundo.
Vincenzo bajó primero, impecable, dominando el entorno con la sola presencia. Le ofreció la mano a Carol