El sol de la Toscana comenzaba a ponerse detrás de las colinas, tiñendo los viñedos con tonos dorados y escarlata. Me senté en el muro de piedra antigua que rodeaba una de las terrazas de la villa, mis dedos girando distraídamente la copa de vino. Abajo, el valle se extendía como un mosaico perfecto de vides, olivos y cipreses, una belleza que parecía burlarse del caos que se formaba dentro de mí después del encuentro con Francesca.
—Conozco a Christian desde que éramos niños.
Sus palabras seg