~ MAITÊ ~
El cementerio estaba repleto de personas cuando llegamos, la ceremonia ya en desarrollo. Marco había descubierto toda la información para mí: horario, lugar, detalles del entierro, ya que técnicamente ni mi propia madre sabía que estaba en Argentina. Pero Dominic ciertamente ya lo sabía.
Esa certeza flotaba sobre mí como una nube oscura mientras caminábamos por la entrada discreta que Marco había localizado. Él estaba a mi lado, su presencia sólida y reconfortante, mientras dos guardias de seguridad nos seguían con una distancia suficiente para no levantar atención excesiva. Pero estaban ahí, atentos a cada paso nuestro y especialmente atentos a cada movimiento de cualquier persona que se acercara a nosotros.
La paranoia que se había vuelto mi compañera constante desde el atentado en el jet privado se intensificó conforme observaba las docenas de personas reunidas alrededor del ataúd de mi padre.
Vi la ceremonia desde lejos, posicionada estratégicamente bajo la sombra de