~ MARCO ~
Observaba a Maitê acostada en la cama del hospital, todavía sosteniendo su mano con cuidado, como si fuera hecha de vidrio y pudiera romperse con cualquier movimiento brusco. Las últimas horas habían sido un torbellino de emociones y preocupaciones que me dejaron mentalmente exhausto.
Primero, la noticia devastadora sobre la muerte de su padre. Había visto el shock esparcirse por el rostro de Maitê como una ola, transformando su expresión de expectativa ansiosa en dolor puro e incontrolable. La forma en que se había desmoronado emocionalmente me había partido el corazón, especialmente sabiendo que no había nada que pudiera hacer para aliviar ese dolor específico.
Después, la reacción física que siguió: el dolor súbito en el vientre, el pánico en sus ojos cuando se dio cuenta de que algo estaba mal con el bebé. Esos minutos de carrera por los pasillos del hospital, cargándola hasta la emergencia obstétrica, habían sido algunos de los más aterradores de mi vida.
Ahora, desp