Las palabras de Giuseppe quedaron suspendidas en el aire mientras trataba de mantener la compostura. Mi mente corría frenéticamente, buscando una respuesta apropiada que no sonara como una mentira descarada ni revelara la verdad dolorosa.
—Espero que haya tenido un buen viaje —comenté, optando por cambiar de tema.
Giuseppe ofreció su brazo, guiándome hacia la sala de estar. Noté que sus pasos eran más lentos de lo que recordaba, como si cada movimiento exigiera un esfuerzo calculado.
—El viaj