La iluminación del hospital era implacable, ese blanco azulado que parecía extraer toda la vida y color de las personas. Caminé por el pasillo estéril, cargando una pequeña bolsa térmica con un sándwich cuidadosamente envuelto y una botella térmica que pesaba en mi mano.
Las horas que siguieron a la partida de la ambulancia habían sido borrosas. Después del shock inicial, mi mente entró en modo automático. Llamé a la recepción del hospital, logré confirmar que Giuseppe había sido internado, y d