Las palabras flotaron entre nosotros, cargadas de significado. El aire dentro del auto parecía denso, eléctrico. Christian continuaba cerca, tan cerca que podía sentir su respiración, ver cada pequeño detalle de su rostro —la leve sombra de la barba sin afeitar, el brillo intenso en sus ojos, los labios aún húmedos de nuestro beso.
Por un momento —un glorioso, esperanzador momento— pensé que diría que sí. Que saldríamos del auto juntos, entraríamos a casa tomados de la mano, y tal vez, solo tal