~ Nathaniel ~
Cuando llegamos a Londres, el tráfico estaba sorprendentemente ligero para un final de tarde de diciembre. Aunque fuera 26 de diciembre, la ciudad solía estar siempre llena de turistas. Conduje por las calles familiares de la ciudad, pasando por los edificios históricos que contrastaban con construcciones modernas, creando esa mezcla única que definía la capital inglesa. El sol invernal estaba bajo en el horizonte, pintando todo con una luz dorada suave que hacía que incluso los edificios más simples parecieran cinematográficos.
En lugar de seguir la ruta habitual hacia el apartamento de Anne, tomé la dirección de mi casa. Anne solo se dio cuenta cuando ya estábamos prácticamente en mi garaje.
—¿No me vas a llevar a casa? —preguntó, mirando alrededor con curiosidad.
—Pensé en pasar más tiempo juntos —respondí, estacionando y apagando el motor—. Un tiempo a solas esta vez, sin familia, sin Alessandra, sin interrupciones.
Me volteé para mirarla en el asiento del pasaje