En cuanto salimos de la entrada de la casa de los Carter y llegamos a la carretera principal, no pude contenerme más. La risa que había estado reprimida desde el momento en que Nate se negó a darle un aventón a Alessandra finalmente escapó, comenzando como una risa ahogada y creciendo hasta convertirse en una carcajada genuina.
—No puedo creer que hiciste eso —dije entre risas, volteándome para mirarlo en el asiento del conductor.
—Ni yo puedo creer que lo hice —admitió Nate, sacudiendo la cab