—Entonces... hay algo que necesito contarte —dije, moviendo nerviosamente la taza de café entre mis manos—. Pero es secreto, ¿ok?
Bianca inmediatamente levantó una ceja, esa expresión provocadora que siempre aparecía cuando sabía que estaba a punto de escuchar algo interesante. Inclinándose ligeramente sobre la mesa pequeña del café, sonrió con complicidad.
—Tú y el jefazo, ¿no?
Sentí mi cara calentarse inmediatamente, pero no pude evitar reír. Era imposible esconder algo de Bianca por mucho