Llegué a la oficina a las siete y media de la mañana, mucho más temprano de lo habitual. No es que hubiera dormido mucho para justificar despertarme tan temprano: pasé toda la noche dando vueltas en la cama, repasando cada palabra de la conversación con Nate en su oficina.
"Voy a seguir esperando."
La frase resonaba en mi cabeza como un mantra persistente. ¿Esperando qué, exactamente? ¿La conversación que no tuvimos en el jardín? ¿Una decisión mía? ¿Un momento de valentía que claramente no poseo?
Me senté en mi escritorio y encendí la computadora, tratando de concentrarme en el informe que necesitaba finalizar antes del mediodía. Pero cada movimiento en el pasillo me hacía levantar la mirada involuntariamente, buscando una silueta familiar, cabello castaño oscuro, esos ojos verdes que parecían ver a través de mí.
Era patético.
Cuando finalmente lo vi pasar en dirección al elevador, cargando una carpeta y hablando por teléfono, mi estómago dio una vuelta completa. No miró en mi dir