Llegué a la oficina a las siete y media de la mañana, mucho más temprano de lo habitual. No es que hubiera dormido mucho para justificar despertarme tan temprano: pasé toda la noche dando vueltas en la cama, repasando cada palabra de la conversación con Nate en su oficina.
"Voy a seguir esperando."
La frase resonaba en mi cabeza como un mantra persistente. ¿Esperando qué, exactamente? ¿La conversación que no tuvimos en el jardín? ¿Una decisión mía? ¿Un momento de valentía que claramente no pos