Pasé toda la mañana ensayando mentalmente lo que le iba a decir a Nate. Era una conversación simple, en teoría: agradecer por los regalos, aceptar el disco, devolver el collar. Simple, directo, sin complicaciones.
¿Por qué, entonces, me temblaban las manos cuando tomé la cajita de terciopelo azul?
Eran casi las dos de la tarde cuando finalmente logré reunir suficiente valor para caminar hasta su oficina. La puerta estaba entreabierta, y pude verlo concentrado en algunos documentos, un mechón d