El jueves por la mañana, un murmullo diferente se apoderó de la oficina. No era la usual charla sobre reuniones o plazos ajustados, sino algo mucho más animado, casi festivo. Las personas se aglomeraban alrededor de las computadoras, susurrando y sonriendo de una forma que solo sucedía cuando algo social y emocionante estaba siendo planeado.
—¿Qué está pasando? —le pregunté a Bianca cuando llegué a mi escritorio, notando que hasta Margaret, la secretaria siempre seria de Nate, estaba conversand