Habían pasado exactos dos meses desde que pisé suelo londinense por primera vez, y puedo decir con toda certeza que Londres me había sorprendido de todas las formas posibles. La ciudad era una mezcla fascinante de historia y modernidad, donde castillos medievales compartían espacio con rascacielos futuristas, y donde era perfectamente normal tomar el té de las cinco mientras se discutían estrategias de marketing digital.
La oficina de Bellucci Londres quedaba en un edificio elegante en Mayfair,