En la mañana del martes, estaba de pie frente a mi casa, una maleta de tamaño mediano a mi lado y una bolsa nueva al hombro —ambas regalos de Christian. Opté por un look simple: pantalón de jean de marca que me quedaba perfecto, blusa de seda azul marino y zapatillas cómodas. Nada muy llamativo, pero aun así más caro que cualquier cosa que hubiera usado jamás.
Mi corazón se aceleró cuando una Lamborghini Urus negra reluciente se estacionó frente a mi casa. Christian salió del auto, impecable en