Christian todavía estaba abrochando los últimos botones de la camisa cuando abrí la puerta para Anne y Marco. Mi hermana entró como un huracán, toda animada con sus "novedades importantes", mientras Marco la seguía con una expresión seria que contrastaba drásticamente con el entusiasmo de ella. Era imposible no notar cómo parecían incómodos el uno con el otro, manteniendo una distancia respetuosa que no existía antes.
—Hola, hermanita —Anne me besó en la mejilla y luego se detuvo, frunciendo la