El olor a carne asada en el patio de mis padres me trajo de vuelta a la infancia, cuando los domingos eran sagrados para reuniones familiares y el asado de papá. Hoy no era diferente, excepto por el hecho de que ahora Christian estaba sentado en la vieja silla de plástico al lado de la parrilla, escuchando atentamente las historias que mi padre contaba.
Era gracioso ver a Christian —un hombre que normalmente frecuentaba restaurantes sofisticados y eventos de gala— perfectamente a gusto en nuest