—Sofia es un nombre lindo —dijo Christian desde su cama—. En honor a mi nonna.
—Sofia Bellucci —murmuré desde la silla cerca de la ventana, probando cómo sonaba—. Tiene cierto encanto italiano. ¿Pero y si es varón?
—¿Giuseppe?
—¿Giuseppe Bellucci Nieto? —Me reí, imaginando a un bebito con la cara seria del bisabuelo—. Muy formal para un niño. ¿Qué tal algo más moderno? ¿Gabriel? ¿Matteo?
—Matteo... —Christian repitió pensativamente—. Me gusta. Matteo Giuseppe Bellucci. El Giuseppe en el medio, en honor al bisabuelo. —Todavía no puedo creer que vamos a ser padres —confesó él—. Cuando pienso que casi perdí esto... casi te pierdo...
—No pienses en eso —dije firmemente—. Estamos aquí, estamos juntos, y vamos a tener nuestro bebé. Es todo lo que importa.
—Tienes razón. Y vamos a darle a nuestro hijo todo lo que no tuve de mis padres. Presencia, atención, amor incondicional...
—Una familia de verdad —concordé, sintiendo lágrimas de felicidad amenazar con caer.
Estábamos tan perdidos