Ella no lo dejó terminar.
Le arrancó el vaso de la mano. Era whisky. No lo pensó. Se lo tomó de un trago, sintiendo el ardor bajarle por el pecho.
—Ariadna —su voz se tensó, ronca de advertencia.
Ella dejó el vaso en el escritorio con un golpe seco.
Y lo besó.
Lo agarró del cuello, tiró de él, chocó su boca con la de él como si necesitara apagar el incendio que tenía adentro.
Dante se quedó inmóvil un segundo. Solo uno.
Luego la rodeó con los brazos. Firme. Directo. Hambre contenida.
La