Ivy colgó el teléfono y se quedó inmóvil en el centro de su estudio, como si el mundo se hubiera detenido de repente.
Las palabras de Darien resonaban en su cabeza una y otra vez, rebotando contra las paredes de su cráneo como pelotas de goma.
Un matrimonio de conveniencia. Un año. Tú finges ser mi esposa. Yo pago tus estudios.
Se dejó caer en la cama, mirando el techo agrietado.
Las grietas seguían formando mapas de lugares inalcanzables, pero ahora uno de esos lugares parecía haber cruzado