La luz del amanecer se filtraba por las cortinas de la habitación de Darien cuando Ivy abrió los ojos.
Tardó un momento en recordar dónde estaba, en reconocer el olor de la almohada, el calor del cuerpo que había estado pegado al suyo durante la noche, pero cuando la memoria llegó, llegó toda de golpe.
La cocina, los brownies, sus manos, su boca, la forma en que se habían amado hasta quedar exhaustos.
Sonrió, todavía con los ojos pegados, y se giró buscando su calor.
Pero el otro lado de la ca