El viaje de vuelta al ático transcurrió en silencio.
No era un silencio incómodo, sino uno lleno de palabras no dichas, de emociones que aún buscaban su cauce.
Ivy miraba por la ventanilla del taxi, las luces de Manhattan desfilando como estrellas fugaces, mientras Darien mantenía su mano enlazada con la de ella, como si temiera que pudiera desaparecer.
Cuando entraron al ático, la familiaridad del espacio los envolvió. Pero todo se sentía diferente ahora. Más real. Más vulnerable.
—¿Quieres