El domingo amaneció gris y lluvioso, como si el cielo hubiera decidido acompañar el estado de ánimo de Ivy.
Llevaba toda la noche sin dormir, dando vueltas a las palabras de Darien, a su frialdad, a la forma en que había priorizado el contrato sobre sus sueños.
Había considerado seriamente rechazar la pasantía, solo para demostrarse a sí misma que no era el dinero lo que importaba, pero cada vez que pensaba en ello, la rabia volvía a hervirle en el pecho.
No. No iba a renunciar a sus sueños p