Los días siguientes a la boda adquirieron una rutina extraña.
Darien se iba temprano a trabajar, Ivy se quedaba en el ático estudiando o leyendo, y por las noches cenaban juntos, compartían conversaciones y, cada vez más, silencios cómodos que hablaban más que las palabras, pero había algo que Ivy no había explorado aún: el resto del ático.
Conocía el salón, la cocina, su habitación, el gimnasio donde Darien a veces entrenaba de madrugada, pero había puertas cerradas, espacios que no había tra