El lunes amaneció con un cielo despejado y ese azul intenso que solo aparece en Nueva York después de una tormenta.
Ivy lo notó nada más abrir los ojos, la luz entrando a raudales por los ventanales de su habitación.
Se quedó un momento en la cama, escuchando el silencio del ático, preguntándose qué día era y qué le esperaba.
Luego recordó: hoy planeaban la boda.
Se levantó con el corazón acelerado.
Había evitado pensar en ello durante el fin de semana, concentrándose en ordenar sus cosas, e