El sábado amaneció envuelto en una niebla ligera que convertía Manhattan en un paisaje de ensueño.
Desde los ventanales del ático, los rascacielos parecían fantasmas, siluetas difusas contra un cielo gris perla.
Ivy llevaba horas despierta, mirando esa bruma, preguntándose si el tiempo había querido acompañar el carácter irreal de la jornada.
Hoy se casaba.
No con el hombre que amaba, no con alguien con quien soñara compartir su vida desde pequeña.
Se casaba con un desconocido, un hombre ama