La mañana de la mudanza, Ivy se despertó antes del amanecer.
No porque tuviera que hacerlo, sino porque el cuerpo se negaba a seguir durmiendo.
Durante una semana había compartido el ático con Darien, pero siempre con la sensación de ser una invitada, alguien de paso.
Hoy todo cambiaba. Hoy traía el resto de sus cosas. Hoy se mudaba oficialmente.
Miró a su alrededor.
La habitación que él le había asignado seguía siendo blanca, beige y gris, pero ya no se sentía vacía.
Sobre la mesilla, una