La sala de espera de la UCI se había transformado en un improvisado cuartel de confidencias. Bajo la luz cruda de los fluorescentes, con el murmullo de fondo del hospital, Luna y Carla se sentaron en un rincón apartado. La elegancia defensiva de Carla se había derrumbado, dejando al descubierto a una chica asustada y furiosa.
—Necesito saberlo todo —exigió Carla, sus dedos retorciendo el borde de su costosa chaqueta—. No los titulares del blog. La verdad. ¿Por qué mi hermano se metió en esto ha