El disparo que hirió a Luna fue el estallido que congeló el caos por una fracción de segundo. Luego, todo fue un remolino de acción pura, desesperada y violenta.
—¡Javier se escapa! —rugió Miguel, viendo la espalda de su tío desaparecer entre las hileras perfectas de cafetos.
—¡Déjalo! ¡Primero Luna! —gritó Sofía, ya arrodillada junto a la chica. La herida en el brazo izquierdo sangraba copiosamente a través de la tela de su camisa—. ¡Necesitamos un torniquete! ¡Algo!
Mateo, con las manos aún t