Día uno. 9:30 AM.
Valeria observó la puerta de caoba de la oficina de Leonardo Blake cerrarse con un suave clic, que para ella sonó como el cerrojo de una celda de alta seguridad, acababa de salir de su oficina, dejando atrás el aire cargado de la hostilidad de su primer encuentro, el contrato, firmado y sellado, ahora residía en la base de datos legal de Blake Capital, el documento que sellaba su esclavitud de tres meses.
Se dejó caer en el sillón de diseño italiano, su cuerpo, aunque tenso, e