La videollamada con la psicóloga se convirtió en una rutina diaria.
Lia se sentaba en el salón de la casa segura, con Mateo dormido en su moisés al lado, mientras la doctora Elena Vargas la escuchaba con paciencia.
—Siento que estoy fallando como madre —confesó Lia esa mañana, con la voz temblorosa—. Tengo miedo todo el tiempo. Cada vez que Mateo gatea lejos de mí, pienso que alguien va a entrar y llevárselo. No puedo relajarme. No puedo disfrutar de él.
La doctora asintió con empatía.
—Es una