—Deja de regañarme como si fuera un niño.
—Es que jefe parece un niño siempre.
—Quizás lo sea —comentó mientras rasgaba el sobre de azúcar, y bebía su taza de café.
—¿Qué harás el resto de la tarde? —preguntó.
—Tú tienes que ir a fisioterapia. Yo iré al gimnasio.
—Irás a ver a ese chico ¿verdad?
—Sí, iré a verlos —comento mientras le cerrará la puerta, y Leonardo subía con la ayuda de su chofer.
—Es raro que usted esté en la casa de una mujer ¿Qué tal le fue señor? —preguntó Adrián con