II- La Virgen del Mafioso.
Fabrizio no paraba de ver a Aysel y su tranquilidad. Ella, unas horas antes, no paraba de llorar por ver al guardaespaldas muerto. Estaba herido gravemente, pero no tan muerto como para llamar a su familia. Le había declarado la guerra a los americanos y acabaría con ellos cuando tuviera la oportunidad. Debía borrar el rostro de la turca de cualquiera que la vió.
—Nunca me dejaste llamar a mi madre. ¿Puedes decirme mínimo como está ella? —le preguntó, con voz ronca.
Ya el acento turco no se l